sábado, 19 de enero de 2013

Lance Armstrong era esto

"Ayer, Lance Armstrong, de Austin, Texas, se convirtió en fraude."
Lance Edward Armstrong, ganador de siete Tours de Francia. Sufrió un cáncer testicular, lo superó y se convirtió en un ejemplo de deportista. Creó la fundación Livestrong, con la pulsera amarilla diseñada por Nike para la lucha contra el cáncer. Icono de todo aquel que ha sufrido una enfermedad tan grave como el cáncer, héroe en su país, estrella mediática en todos los eventos que participa. Un ciudadano ejemplar. Hasta el día de ayer.
Ayer, Lance Armstrong, de Austin, Texas, se convirtió en fraude.
Mi primer contacto con Lance Armstrong es en 1993, en el Mundial de Ciclismo en Ruta en Oslo, una carrera lluviosa que Armstrong, desconocido por aquella época, ganaba. Creo recordar que el año anterior quedó en última posición. Ese texano indocumentado enrolado en las filas del Motorola, ganaba el Mundial.
Los Estados Unidos y el ciclismo. El nombre de Greg Lemond, ganador de tres Tours de Francia sale a relucir al instante. Quizá el de otro corredor con ganas de comerse el mundo, Andrew Hampsten, y un equipo, el Motorola, prolongación del anterior 7-Eleven. Ese equipo fue el primero de Lance Armstrong, el que le permitió hacerse un nombre.
"en las filas del Motorola, ganaba el Mundial"
Tras la retirada de Miguel Induráin una pléyade de corredores se dispone a asaltar su trono, es el tiempo de los Ullrich, Zulle, Virenque, Pantani y un larguísimo etcétera. Cuando todo esto sucede, Armstrong pasa los padecimiento del cáncer, pierde un testículo y tiene pocas posibilidades de sobrevivir.
Volvió al ciclismo de la mano del US Postal, en 1998. Tuvo discretos resultados, pero todo cambiaría a partir del año siguiente.
Año 1999. Un año después del bochornoso espectáculo del Caso Festina, el de la palabra EPO. Un descabezamiento de poder que permitía un Tour en teoría abierto. El Tour de Francia necesitaba limpiar su imagen, necesitaba a alguien que lo rescatara de sus miserias, necesitaba un ídolo. Y se lo iban a proporcionar. Y de qué manera.
Ese año Armstrong, que no era de los favoritos a ganar la ronda gala, se alza con el triunfo. El primer triunfo de una tiranía.
Porque los años que van del 99 al 2005 son un elogio de poder.  Un equipo, el US Postal, posteriormente conocido como Discovery Channel, una maquina de triturar rivales sin piedad, donde grandes deportistas se plegaban al poder omnipresente y omnipotente de Armstrong. Daba igual si era rival o no, si tenñia posibilidades de destronarle, acababan trabajando para él. Así, uno tras otro acababa enrolado en las filas del US Postal, que usaba mano de hierro contra todo aquel que osara desafiar al Poder. Que Ullrich decidía atacar, allí que saltaban Heras o Hincapié. Si alguien era bueno contra el crono, Armstrong fichó a Ekimov, un seguro contra el reloj para ayudarle. Que tocaba endurecer la carrera, Hamilton y Lepheimer destrozaban a los rivales. Hasta tenía la suerte del campeón haciendo un recto por los maizales mientras Beloki se caía. Era el señalado para ganar, el deportista que había vencido los obstáculos. El Ejemplo de Superación.
"los años que van del 99 al 2005 son un elogio de poder"
Cada año su imagen en París vestido de amarillo era ya habitual. Se presuponía que iba a ganar. Era el mejor y tenía el mejor equipo.
Hasta que en 2005 dijo basta. 7 Tours de Francia a sus espaldas bien merecían un descanso. Siguió ligado al deporte, corriendo maratones y triatlones, colaboraba con su fundación, las pulseras amarillas estaban en las muñecas de todo el mundo.
Pero esa vida no era para Amstrong, su cuerpo le pedía volver a la bici, cosa que hizo en 2008. En esa época emerge un corredor, Alberto Contador, liviano, buen escalador y contrarrelojista. Armstrong termina tercero dando síntomas de que su octavo Tour podía estar al año siguiente. Pero no. Termina en el puesto 23, ya en las filas del Radio Shack.
Pero la sombra del dopaje siempre ha sido fina en Lance Armstrong. Mientras todos nos tapábamos los ojos y aplaudíamos los méritos de ese hombre que había casi renacido de la muerte con un testículo menos, a veces se nos pasaba por la cabeza algún pensamiento del tipo "con todas las sustancias prohibidas que hay en el ciclismo, puede que él esté utilizando alguna, ya que la medicación para el cáncer puede ser una tapadera". Pero esos pensamientos no aparecían en los periódicos, quizá en alguna charla de bar entre amigos.
A nadie le interesaba que Armstrong fuera un farsante, había que mantener la imagen de deportista rescatado de las garras de la muerte, el icono americano que permitiría al ciclismo perdurar. Además, había pasado 250 controles y nunca dió positivo, ¿qué habría que temer?
Las leyes contra el dopaje se endurecieron. Aparecieron nuevos nombres, como la CERA, declaraciones de ex ciclistas como Jesús Manzano, corredor del Kelme, hablando de transfusiones de sangre. Esposas cazadas en la frontera con Suiza con sustancias dopantes para su marido, todo un ciclismo malherido y maltrecho.
Pero la figura de Armstrong parecía inviolable. Hasta que Floyd Landis se equivocó y ganó un Tour. Probablemente sin la torpeza de Landis no habría pasado nada de esto. Decimos torpeza porque Landis no estaba predestinado a ganar un Tour de Francia. Tras la Operación Puerto, los favoritos a ganar ese año no corren el Tour. Se abren opciones nuevas. Al final, todo sería cosa de cuatro: Landis, Pereiro, Sastre y Kloden. Ninguno de los cuatro un superclase. Kloden, buen contrarrelojista, con problemas en la montaña; Sastre, un motor diesel que encontraría su momento dos años después; Pereiro, un todoterreno con ganas de comerse el mundo y Landis, en su encrucijada particular.
En un Tour relativamente cómodo para Landis al no tener rivales de entidad, surge la figura de Pereiro, sabedor de que Landis no es tan fuerte como Armstrong (pero como se demostraría después, igual de tramposo). Ataca y ataca sin descanso él solo contra todo el Phonak. Landis resiste como puede hasta que a falta de tres etapas, sufre una pájara descomunal que le hace perder ocho minutos. Pereiro es prácticamente virtual ganador del Tour, a falta de dos etapas.
"Floyd Landis se equivocó y ganó un Tour"
¿Y qué hace Landis el día después de llegar destrozado a la meta? Gana la etapa. Pero no sólo gana la etapa, si no que la gana... ¡con siete minutos de ventaja sobre Pereiro! Vuelve a recuperar el amarillo y gana el Tour. Esa es la torpeza de Landis. El dejar tan a las claras que se había dopado.
Recuperarse de esa manera levantó sospechas. Empezaron las filtraciones, las conspiraciones, el acoso a Landis, que, acorralado, dijo la palabra mágica: Armstrong.
El rún rún ya iba en aumento, todos los amantes del ciclismo se fijaban en las heroicidades de Contador (también acusado de dopaje), de una estrella emergente como Ricardo Ricco (sancionado por CERA) con un ojo puesto en lo que decía la UCI, y el propio Armstrong, que litigaba con periodistas y descalificaba a compañeros.
Llegó el 2010 y Landis dejo caer su bomba. Mandó un email a la Federación Estadounidense y a la UCI acusando de una red de dopaje a sus compañeros, empezando por Armstrong. Los nombres salían poco a poco: Hincapié, Zabriskie, el US Postal casi al completo.
Se empezaron las investigaciones, se orquestó una caza donde el trofeo era Lance Armstrong. Sus ex-compañeros, tan solícitos con él cuando estaban en carretera, arremetieron contra Armstrong. Se buscaba derribar al icono, pero Armstrong seguía en sus trece.
Hasta ayer, donde por fin dijo la verdad. O media verdad, según se mire, pues Armstrong sólo se decide a hablar una vez sabe que no le van a permitir competir de nuevo. Poco le importa si su imagen queda manchada, no le queda otra opción si quiere sobrevivir en el mundo del deporte.
"Armstrong relata que se dopaba"
Cualquiera que haya visto la entrevista con Oprah Winfrey se dará cuenta de que Armstrong relata que se dopaba, que incluso intimidaba a los ciclistas, pero en ningún momento se ve la imagen de un arrepentido. Más bien parece la imagen de un hombre hastiado de seguir oyendo tonterías y dice "vale, lo admito, me he dopado, dejadme en paz". Ni siquiera un leve temblor en sus palabras.
Ahora, todo el mundo sabe que Lance Edward Armstrong es un fraude. Otro más en una larga lista de ciclistas. Otro golpe mortal (y van muchos) a un deporte tan bonito y espectacular como fraudulento, una pantomima donde puedes ganar 7 Tours y admitirlo siete años después. Un deporte que rezuma miseria por los cuatro costados.
Algunos hablan de Armstrong como "la época pasada del ciclismo", donde todos se dopaban de manera sistemática. Pensar que eso no está vigente a día de hoy es de ser muy ingenuo. De los últimos podiums del Tour de Francia apenas hay uno o dos corredores que no han sido suspendidos por dopaje en algún momento de su carrera.
En todos los deportes hay tramposos. Siempre los habrá. Johnson voló en la pista de Seúl con Stanozol saliéndosele por los ojos, Paolo Rossi fue culpable de amañar partidos en la Serie A de fútbol, hay mil ejemplos de deportistas que han hecho cosas ilícitas. Pero en el ciclismo han ido más allá.
Ya no hablamos de sustancias para mejorar rendimiento, hablamos de transfusiones de sangre. De toda una red programada para inyectar sangre oxigenada tomada en altura con los niveles de hemoglobina altos. Eso va más allá de cualquier acto delictivo en nombre del deporte que se conozca.
Hoy Armstrong pasa a ser una figura oscura del deporte, el nombre que se arrinconará cuando se hable del ciclismo. Otra oportunidad que se desaprovechará (o no, todo está por ver) para limpiar de una vez por todas el nombre de este maravilloso deporte. En su armario no tienen esqueletos, si no fosas comunes.
"Hoy Armstrong pasa a ser una figura oscura del deporte"

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